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Ignacio Tamés, ante su deseo de rendir homenaje a su preclara mascota y amigo
Alfonso VI, coincidiendo con una visita a la que le invitamos Carmen Ramírez y
yo al Valle de los Caídos. Decidió construir uno a
imagen y semejanza del de Cuelgamuros, por lo menos en lo moral sino en lo pétreo,
a su insigne amigo.
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