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Se trata de un retorno. Y de una partida. Del paso del tiempo como desgaste y como regeneración.
Dos series de diapositivas, tomadas en los mismos pasillos del metro y en pasos subterráneos,
pero en dos tiempos, con una diferencia de 13 años; entre estas dos series, se proyecta la imagen
de un incendio, la cual sirve de encuentro y punto de inflexión.
Los lugares retratados son de una familiaridad absoluta para tantos de nosotros - hasta
resultar más o menos invisibles. Están, al mismo tiempo, cargados de una simbología profundamente
enraizada en el subconsciente; con sus túneles subterráneos, sus vestíbulos, su sistema de
circulación, recuerdan las interioridades de nuestros cuerpos. Dentro de este contexto tan
estrechamente ligado a nuestras vidas, se lleva a cabo un viaje mental, el que nos lleva del
presente al pasado y de regreso a un posible encuentro con el presente. Estos lugares son el
hogar de la repetición, del viaje que se vuelve a emprender interminable. Una repetición en
la que nuestros sentidos se apagan en la inconsciencia de la no-percepción. Una repetición
que también nos ofrece, una y otra vez, la oportunidad del encuentro destructor y vivificante
con la desnudez del presente.
Se trata de un retorno. Y de un reflejo. No solo se repitieron los
mismos pasillos y las mismas tomas, sino que estas fueron proyectadas sobre un espejo que las
reflejaba sobre una pantalla vertical.
FÉNIX, se desarrolló en Año Cero Renacimiento, acción de
diversos colectivos, organizado por la A.C. La Ternura en la
Plaza situada frente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
Madrid. España. 2000.
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